Es preciso ilustrar al pueblo
Jueves
7 de mayo de 1812, páginas 3 y 4.
Camilo
Henríquez postula que los hombres cambian y que el "estado social es
susceptible de mejorarse y perfeccionarse", frente a lo cual agrega:
" Las ciencias tratadas en latín es el mayor obstáculo que puede ofrecerse
no solo a su difusión, sino también a su perfección. De aquí es que la
ilustración es más general en los países que han desterrado esta práctica
bárbara".
De la influencia
de los escritos luminosos sobre la suerte de la humanidad
Por el
descubrimiento sucesivo de las verdades en todo género salieron los hombres de
la barbiere, y del inmenso océano de infortunios que siguen à la ignorancia y
preocupaciones. Este gran resultado presenta el examen de la sociedad en
las diferentes épocas de la historia. El estado social es susceptible de
mejorarse y perfeccionarse: los hombres no son siempre los mismos: duros,
insensibles, tiranos unos de otros en los siglos de ignorancia, sus leyes, y
costumbres respiran opresión y sangre. Sensibles y humanos en tiempos más
cultos, desechan con horror aquellas leyes y costumbres. ¿No es esta una
gran ventaja, aunque gima la sociedad bajo males de otro género? Apenas
hay siglo, apenas hay un periodo en la duración de los cuerpos políticos, en
que no pueda repetirse la expresión familiar de un filósofo del siglo pasado:
todo no está bueno, pero a lo menos está mejor que antes. Se han conocido
muchos errores, se ha palpado el absurdo de algunos principios políticos, que
caracterizaban a algunos gabinetes ; pero el primer paso para corregir los
yerros es conocerlos. Llegará tiempo en que se avergüenzan los hombres de
la insensatez; de los absurdos de sus antepasados bajo muchos respectos.
La verdad es siempre útil,
el que la revela a los pueblos les hace un beneficio inapreciable. Las
pruebas de agua y fuego se usaron antiguamente, se conoció su barbaridad, y
fueron abolidas. Se les sustituyo la tortura; se escribió contra ella, y
se abandonó con horror. Se hizo uso de varios apremios ilegales, se usó
de las esposas; pero se han llamado en la sesión de las cortes de 2 de abril,
invención de las más horribles é infames, que han imaginado los hombres.
jamás pues es perdido lo
que escriben los amigos de la humanidad. La gran masa de luces esparcidas
en ambos mundos, los clamores de los sabios no han de ser ineficaces. Espárzanse
verdades útiles; sus semillas son Inmortales, vendrá tiempo en que broten.
Es cierto que las mejoras
de la sociedad no han correspondido aun al número de hombres sabios que han
florecido, ni a la copia de libros luminosos, que se han publicado, pero antes
de ellos era más infeliz la suerte de la humanidad. No siempre los que
administraban los negocios públicos leyeron aquellos libros; a las veces en
lugar de seguir aun de lejos los progresos de la razón, ellos eran los que
estaban más envueltos en preocupaciones. Los hombres, decía Platón,
fueran felices, si los filósofos imperasen, o fusen filósofos los
emperadores. Este caso fue raro, pero cuando llegó a realizarse, los
pueblos fueron menos infelices, y los gobernantes fueron el amor y las delicias
del género humano.
Las obras sabias necesitan
hallar en los pueblos una disposición feliz. De que sirve escribir, si la
barbarie es tan grande, ¿que no hay quien lea? Entonces la marcha de las luces
se retarda, y el día dista mucho de la aurora. La Ilustración debe
hacerse popular, pero las instituciones antiguas fueron bien contrarias a la difusión
de las luces. Las ciencias tratadas en latín es el mayor obstáculo que
puede ofrecerse no solo a su difusión, sino también a su perfección. De aquí
es que la Ilustración es más general en los países que han desterrado esta práctica
bárbara.
El método escolástico,
los planes de estudio de las escuelas, los óbices que ha encontrado la vulgarización
de los libros útiles, han influido poderosamente en el atraso de las
letras. Es también cierto que la razón se adelanta y desenvuelve en los
pueblos con lentitud: que las letras tienen su infancia: que las facultades de imaginación
se perfeccionan antes que las de pensamiento, observación y calculo; y que la
sana política, y la buena legislación son el ultimo resultado de nuestras
reflexiones. ¡Feliz el pueblo, que tiene poetas! a los poetas seguirán
los filósofos; a los filósofos los políticos profundos. ¡Desventurado el
pueblo donde estén en un supuesto continuo, y letárgico la imaginación y el
pensamiento!
La razón se hallaba
agobiada bajo el peso enorme de preocupaciones antiquísimas: mil pueblos se habían
extinguido, habían desaparecido generaciones sin número, pero sus
preocupaciones habían escapado à los estragos del tiempo, y sobrevivieron al trastorno
de todas las cosas. ¿Cuánto hubo que trabajar para despejar la razón,
para disipar aquellas tinieblas que empezaron à extenderse desde el siglo V. y
que en el X. envolvieron al mundo en una noche tan densa como melancólica?
Apenas quedó en él algún asilo à las Musas: todo fue abandonado al ocio de la razón,
à la injusticia, à los horrores de la guerra. Se acogieron a los
monasterios solidarios; pero si el espíritu belicoso de aquellos siglos atroces
trato con algún respeto aquellos venerables asilos, se atrevió à invadirlos la filosofía
escolástica, obra de loa comentadores de Aristóteles. Se impuso un nuevo
y odioso yugo à la razón; las sombras se hicieron más densas. *
Parece que el largo ocio la
hubiese debilitado; ella en efecto es más débil, cuando se abandona à su
natural pereza: se fortifica con el uso de sus facultades. Necesita de
apoyos para sostenerse. Los encontró desde luego en el estudio de las
ciencias exactas, ciencias que acostumbran el entendimiento al método, à buscar
la demostración, y que le comunican solidez, y profundidad. Ellas se hicieron
el poderoso instrumento de la razón humana, y la admiración y delicia de los
grandes genios. El espíritu humano levantado por estas ciencias, y
admitido à los misterios más recónditos de la naturaleza, después de pesar las
inmensas aguas del océano, averiguado el tamaño, la distancia, y el movimiento
de los planetas, siguiéndolos en sus brillantes caminos, calculando sus fases,
y aun prediciendo el rédito de los cometas, se aplicó à la ciencia que tanto
interesaba à la felicidad pública, emprendió al estudio de la política y de la legislación.
Desde entonces volvió à cultivarse la sublime ciencia de hacer felices à las
naciones. Desde entonces volvió à conocerse, que la fortuna de los
Estados es inseparable de la de los pueblos, y que para hacer à los pueblos,
felices es preciso ilustrarlos.
* La naturaleza de este
papel no permite más pasar rápidamente sobre estos asuntos, que pueden verse
con extensión en Andrés, Vives....
http://www.auroradechile.cl/newtenberg/681/article-2789.html
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