Lengua española
La lengua
española, llegó a tierras americanas con los primeros españoles y comenzó con
rapidez a propagarse por el continente. Durante la colonia, la lengua hablada
en Chile fue adquiriendo sus propias particularidades, rasgos fonéticos,
sintácticos y léxicos.

Las lenguas son sistemas de
comunicación vivos, sujetos permanentemente como toda expresión cultural a
procesos de cambio, adaptación y estabilización. En el caso de la lengua
española, esta fue trasplantada a América por los primeros contingentes de
conquistadores hispanos que alcanzaron Tierra Firme a fines del siglo XVI, en
boca de quienes comenzó a propagarse rápidamente desde la región antillana
hacia el resto del continente. La composición demográfica de estos grupos de
adelantados resultó determinante en la fisonomía que terminaría adquiriendo el
español a este lado del Atlántico: la presencia mayoritaria de población
andaluza imprimió al habla americana los rasgos característicos de ese dialecto
que hasta hoy la identifican frente a la modalidad peninsular.
Durante el período colonial, la
lengua hablada por los habitantes de Chile fue adquiriendo sus propias
particularidades, rasgos fonéticos, sintácticos y léxicos que la diferenciaron
de las demás variedades de español que cristalizaron en otras regiones
hispanoamericanas. El aislamiento geográfico del territorio chileno y
su condición relativamente marginal respecto de los centros de irradiación
cultural, restaron fuerza a la influencia de los modelos de prestigio vigentes
en ciudades como Lima o Madrid, facilitando, en cambio, el desarrollo de
ciertos usos propios del habla vulgar. El prolongado contacto cultural entre españoles e
indígenas se dejó sentir especialmente en el plano
léxico, con la incorporación de un considerable repertorio de voces de etimología mapuche y quechua a
la lengua criolla. Para la época de la Independencia, las principales
características estructurales del español de Chile habían quedado ya
establecidas; pese a ello, ciertos usos lingüísticos y ortográficos aún no
estaban del todo afianzados, por lo que el empleo de algunas palabras, su
pronunciación y su escritura continuaron mostrando un comportamiento vacilante.
Hacia mediados del siglo XIX, el
creciente arraigo de la imprenta,
la incipiente articulación de un sistema de instrucción pública y
la fundación de instituciones clave en el desarrollo de la cultura nacional
-como la Universidad de Chile-
generaron un contexto propicio para la fijación de una norma estándar, es
decir, de una variedad de lengua convencional, entendida por todos los
hablantes de la comunidad, utilizada en el ámbito público y en la enseñanza
escolar. Crucial dentro de este proceso fue la figura de Andrés Bello,
quien en 1847 publicó su Gramática de la lengua castellana,
texto prescriptivo que, al establecer el modelo de lengua culta que
prevalecería en el país, puede ser considerado como la más influyente
herramienta de política lingüística implementada en la República.
La preocupación de la clase
intelectual chilena por fomentar el desarrollo de una identidad cultural propia
para la Nación en ciernes dio pie a las primeras discusiones que
problematizaron públicamente las singularidades del habla chilena frente al canon
peninsular. La famosa controversia filológica de 1842 fue
el hito que marcó la germinación de una conciencia lingüística entre los
chilenos y que preparó el terreno para las primeras publicaciones relativas al
español de Chile que aparecieron a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX,
fundamentalmente bajo la forma de manuales de "vicios del
lenguaje", gramáticas y catálogos de voces de uso
diferencial. En esta línea, Zorobabel Rodríguez (1831-1901) publicó
en 1875 el primer Diccionario
de chilenismos, trabajo de intenciones
pedagógicas que dio inicio a la producción lexicográfica nacional.
Pese a estas tentativas
preliminares, no fue sino hasta fines de ese siglo, con la llegada al país del
filólogo alemán Rodolfo Lenz (1863-1938),
que la Lingüística se inició en Chile como disciplina científica. Sus
investigaciones de enfoque descriptivo y el exhaustivo trabajo de campo que
realizó por décadas fueron un aporte fundacional para el conocimiento del
español hablado en Chile, de la literatura oral criolla y de la lengua mapuche,
y crearon escuela en el medio académico nacional. Continuador de esta tradición
fue Rodolfo Oroz (1895-1997),
lingüista que desde 1930 se dedicó a estudiar las particularidades del habla
chilena, expuestas in extenso en su obra de referencia obligada La lengua castellana en Chile (1966).
La investigación lingüística contemporánea ha tenido entre sus más destacados
exponentes a Ambrosio Rabanales (1917-2010), cuyo enfoque de los estudios
gramaticales tuvo amplia repercusión en todo el ámbito hispánico.
http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3525.html