miércoles, 21 de septiembre de 2022

Asamblea General ONU

Boric y Bolsonaro dibujan dos visiones opuestas de América Latina en la Asamblea General de la ONU

MACARENA VIDAL LIY|Nueva York|20 SEPT 2022 - 15:58 BRT

El jefe de Estado brasileño asegura que el 80% de la Amazonía se mantiene “prístina”. El presidente chileno reclama “más democracia, no menos” para paliar los problemas mundiales

El agua y el aceite. Jair Bolsonaro y Gabriel Boric. Pocos líderes más opuestos podía ofrecer América Latina como representantes en el estreno del debate de líderes en la 77ª Asamblea General de la ONU este martes. El trumpista presidente brasileño, en vísperas de unas elecciones donde las encuestas auguran su derrota, dibujó un Brasil idílico, donde los ciudadanos se lanzan a las calles en respaldo de su líder y la Amazonía goza de excelente salud. El izquierdista jefe de Estado chileno llamó con urgencia a una mayor justicia social y recetó más y mejor democracia como respuesta al descontento y la desigualdad.

Se hablaba mucho en español y portugués en esta jornada inaugural del cónclave mundial de líderes. La agenda había otorgado a América Latina un gran protagonismo. Bolsonaro, como es tradicional, era el primero en intervenir en el debate, como presidente de Brasil. Tras él, a lo largo del día participaban también los líderes de Chile, Colombia, Paraguay, Honduras, Bolivia, Perú, Guatemala, Argentina y El Salvador.

El jefe de Estado brasileño, en modo electoral también desde el estrado del plenario de la Asamblea General, optó por un discurso en el que iluminó lo que consideró los logros de su mandato y atacó, aunque sin nombrarlo directamente, a su rival en las urnas, Luiz Inácio Lula da Silva, a quien los sondeos consideran favorito en los comicios del 2 de octubre.

Bolsonaro denunció la “corrupción sistemática” de la izquierda y aseguró que cuando esta ideología gobernó el país, entre 2003 y 2016, se robaron miles de millones de dólares. “El responsable de eso” —subrayó, en clara alusión a su oponente— “fue condenado”. No hay que preocuparse, vino a decir, pese a lo que digan las encuestas: “es el Brasil del pasado”.

En el relato del presidente brasileño, su país nunca ha estado mejor. Han caído la inflación y el desempleo. Acoge a refugiados de Venezuela y otras partes del mundo. Desde el estallido de la pandemia de covid en 2020, 63 millones de personas, o una tercera parte de la población, han recibido asistencia del Gobierno para sus necesidades. 


El líder, que despreciaba la eficacia de las vacunas y que el año pasado presumió de no haberse inoculado, pese a que la asistencia a la Asamblea General lo exigía, sacó pecho ante el resto de líderes sobre las inmunizaciones en su país. “Hemos alentado las vacunaciones”, presumió, y hoy día cerca del 80% de la población se encuentra vacunada, “voluntariamente y respetando las libertades de los ciudadanos”. No mencionó, por contra, los cerca de 700.000 fallecidos de covid en el país desde que se detectaron los primeros casos.


La Amazonia bien, gracias. Según ONG como Imazon, que vigila la deforestación de la mayor selva del mundo, entre enero y agosto se destruyeron 7.943 kilómetros de bosque. Ello representa la cifra más alta de los últimos 15 años, y un área equivalente a la de la isla de Puerto Rico. Pero el presidente brasileño, que durante su mandato ha relajado las leyes medioambientales de su país y es continuo blanco de las organizaciones ecologistas, ha sostenido que el 80% de la mayor selva del mundo sigue “intacta y prístina”, pese a lo que digan los medios de comunicación y los activistas.

Y aunque las encuestas le concedan en torno a un 33% de apoyo popular, Bolsonaro asegura que cuenta con el respaldo mayoritario de los ciudadanos. El 7 de septiembre, sostuvo, “millones de brasileños se lanzaron a las calles, convocados por su presidente”.

En el terreno internacional, Bolsonaro ofreció abrir las puertas de su país para “acoger a los padres y monjas católicos que han sufrido persecución del régimen dictatorial de Nicaragua”, y se presentó como un defensor incondicional de la libertad religiosa y de expresión. También aludió al asunto que domina por activa y pasiva las conversaciones de los líderes en esta semana de reuniones al máximo nivel: Ucrania. El jefe de Estado brasileño criticó las sanciones contra Rusia, al considerar que los castigos unilaterales no representan la mejor vía para solucionar el conflicto. El remedio debe llegar, a su juicio, a través del diálogo y la negociación.


Sin apenas transición —separados únicamente por la intervención del presidente senegalés, Macky Sall—, Gabriel Boric ofreció una visión diametralmente diferente en su estreno ante la Asamblea General. El jefe de Estado izquierdista, llegado al poder el 11 de marzo, optó por un relato internacionalista, en el que presentó una apasionada defensa de la democracia como solución para los problemas globales.

“Profundizar la democracia es un ejercicio permanente en el cual solo cabe perseverar y aprender cada uno de los resultados del otro”, proclamó el presidente chileno, que recordó el ejemplo de su país como democracia incipiente tras los años de la dictadura de Augusto Pinochet y que abogó también en contra de la censura y en favor del respeto a las diferencias de opinión.


“Me rebelo frente al abismo que algunos pretenden cavar ante la legítima diversidad de opiniones. Y desde Chile, declaramos nuestra voluntad de ser constructores de puentes ante esas brechas que nos impiden encontrarnos como sociedades diversas”, señaló.

Si Bolsonaro había criticado la respuesta occidental a la guerra en Ucrania, Boric criticó con contundencia la “agresión” de Rusia a Ucrania, que ha disparado los precios de los alimentos y los fertilizantes, y desestabilizado las economías mundiales. El líder chileno expresó su compromiso con la justicia y la paz, y lanzó un llamamiento a la unidad internacional para conseguirlo. “Necesitamos una nueva América Latina, un Sur Global, en el que fijemos unos objetivos comunes, justicia y paz”, declaró.


En este sentido, se comprometió a “realizar las acciones que sean necesarias, y no solo declaraciones, para detener la injusta guerra de Rusia contra Ucrania y poner fin a todos los abusos de los poderosos en cualquier lugar del mundo”.

Su discurso no solo abordó la situación en Ucrania. También aludió al tratamiento a los palestinos, para los que pidió un Estado propio y que no se conviertan en algo normal “las permanentes violaciones a los derechos humanos” contra ese pueblo. Al mismo tiempo, también llamó a garantizar el derecho de Israel a vivir dentro de fronteras seguras. El joven jefe de Estado reclamó, asimismo, respeto a los derechos de las mujeres. Dedicó una mención especial a la muerte a manos de la Policía en Irán de Mahsa Amini el pasado viernes.

En el terreno interno, aludió a la derrota de la propuesta de nueva Constitución en Chile, la gran derrota de su medio año de mandato. El rechazo tajante de los ciudadanos, sostuvo, ha representado una enseñanza: a ser “más humildes”. Y a gobernar “movilizando las capacidades y la sabiduría de las sociedades”, en vez de pretender “sustituirlas”. “Como presidente de Chile estoy convencido de que, en un corto plazo, Chile tendrá una Constitución que satisfaga y nos enorgullezca”, puntualizó.

https://elpais.com/internacional/2022-09-20/boric-y-bolsonaro-dibujan-dos-visiones-opuestas-de-america-latina-en-la-asamblea-general-de-la-onu.html

martes, 6 de septiembre de 2022

Chile Constitución

Chile rechaza rotundamente la nueva Constitución

Una amplia mayoría de los chilenos opta por la negativa al texto en el plebiscito, pero el proceso constituyente no se detiene

Chile le ha dicho que no a la nueva Constitución. La derrota en el plebiscito del domingo se ha producido por un margen abrumador: casi el 62% para el “rechazo” (61,9%, con el 99,9% escrutado) contra el 38,1% del “apruebo”. Las previsiones más pesimistas no anticipaban semejante caída. El resultado supone un golpe muy duro para el Gobierno de Gabriel Boric, que lo había apostado todo a un triunfo del sí. En la misma noche de la consulta, en un mensaje leído desde La Moneda, el presidente anunció la convocatoria para este lunes de las máximas autoridades del Parlamento “para avanzar lo más rápido posible un nuevo proceso constituyente”. Anunció también “prontos ajustes” en los equipos de Gobierno, “para enfrentar este nuevo período con renovados bríos”.

El triunfo del rechazo ha sido apabullante. Venció con comodidad en todas las regiones del país, incluso en la capital, con el 55% de los votos en un bastión que fue clave en la victoria de Gabriel Boric en la segunda vuelta de noviembre pasado. Con 7,8 millones de votos, fue la opción electoral más votada en la historia de Chile, un récord matizado por el debut del voto obligatorio y la inscripción automática. El 85% de los electores chilenos salieron el domingo de sus casas para votar.

Inicia ahora una nueva etapa, con un Ejecutivo obligado a mantener vivo el proceso constituyente pero muy debilitado para imponer sus ideas y hasta la hoja de ruta. La derecha y buena parte de la centroizquierda política han convencido a la sociedad de que la propuesta emanada de una convención constituyente dominada por la izquierda pergeñó “un mal texto”. El presidente asumió enseguida la derrota y prometió “construir en conjunto con el Congreso y la sociedad civil un nuevo itinerario constituyente”. “Recojo este mensaje y lo hago propio, hay que escuchar la voz del pueblo”, dijo.

Esa misma voz le exige una renovación de Gabinete, necesaria para oxigenar una gestión que con menos de seis meses en La Moneda ha sufrido un varapalo de grandes dimensiones. Boric prometió “nuevos bríos”, lo que supone la salida de ministros de su máxima confianza pero muy desgastados. Muy presumiblemente cambiará a dos de sus compañeros de ruta y parte de la nueva generación de izquierda que instaló en su primer anillo de poder: Izkia Siches, la primera mujer que llegó a Interior, y Giorgio Jackson, su ministro de la Secretaría General de la Presidencia, que lleva las relaciones con el Congreso.

Una respuesta fallida al estallido

La nueva Constitución fue la salida institucional que la clase política ofreció a Chile para encauzar el malestar tras las revueltas populares de 2019. Solo tres años después, la gente ha dicho que no es suficiente. El ambiente de agitación que siguió al estallido dio al nuevo texto un perfil de cambios profundos, con acento en la paridad de género, la ecología y el reconocimiento de los pueblos indígenas. La estrella se apagó poco a poco a medida que la convención perdía la confianza de los chilenos y crecía el temor de aquellos que veían amenazado su statu quo. Pero ha sobrevivido al proceso la convicción de que la actual Constitución, redactada entre cuatro paredes durante la dictadura de Augusto Pinochet, debe ser enterrada.

https://elpais.com/chile/2022-09-05/chile-rechaza-rotundamente-la-nueva-constitucion.html

FEDERICO RIVAS MOLINAROCÍO MONTES

Santiago de Chile - 

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