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Chile (1880-1920)
Fue a lo largo de estos años que se pusieron en marcha
una serie de movimientos sociales que transformaron la
cuestión social en un problema que afectó no sólo a los trabajadores sino a
todo el país. Desde entonces, surgieron a la luz pública una serie de
innumerables escritos, ensayos, artículos de prensa y tesis de grado que
comenzaron a analizar sus causas y motivos, además de las posibles alternativas
de solución. Esta amplia gama de debates políticos e ideológicos pueden
resumirse en tres grandes corrientes.
La primera corriente se originó al interior
del mundo conservador-católico que, a partir de la Encíclica Rerum
Novarum, adhirió a la línea social cristiana impulsada por la iglesia
católica. A grandes rasgos, vio la cuestión social como resultante de una
crisis moral que desvirtuó el rol dirigente y protector de la elite criolla. El
énfasis estuvo puesto en la responsabilidad que le correspondió a los ricos en
el cuidado y bienestar tanto material como espiritual de los más pobres, a
través de la educación, la beneficencia, el socorro y la justicia. En síntesis,
más acción social y menos caridad.
En segundo lugar, existió una corriente liberal y
laica vinculada al Partido Radical y donde también se
incluyeron intelectuales independientes de clase media. Para ambos sectores, la
cuestión social fue el resultado de un conflicto de clases, un problema
estructural de la sociedad nacional, afectada por la falta de desarrollo económico,
la explotación laboral, la inflación y la carencia de ayuda estatal
hacia los más pobres. Por consiguiente, los dardos apuntaron al Estado y a la
necesidad de regular el sistema de libre mercado que rigió en el país, a través
de una adecuada legislación social que promoviera y asegurara el progreso y
adelanto material de todos los sectores.
Una tercera tendencia, fue la corriente
socialista, impulsada por sectores pertenecientes a la clase trabajadora. Para
este sector, los problemas sociales fueron consecuencia de la propia existencia
del Estado liberal y del sistema capitalista; y declararon que su solución no
pasó por la acción caritativa de la clase dirigente ni por las medidas de corte
proteccionista que reclamaron algunos liberales, sino que radicó en la acción y
el poder autónomo de los propios trabajadores.
A pesar de sus diferencias, cada una de estas tres
corrientes coincidió en la urgente necesidad de otorgar pronta solución a los
problemas derivados de la cuestión social, que hacia el año 1920 se convirtió
en una preocupante cuestión política, traspasando las fronteras de la opinión
pública e insertándose de lleno en los planes del Gobierno y del Congreso Nacional.
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